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Me encuentro solo.
Multitud de miradas que me atraviesan, multitud de rostros que se fijan, multitud de brazos que se tienden en torno a mi, multitud de manos que me ofrecen… y no les hago caso.
Tal vez debería de mirarlos, de abrazarlos, de cogerlos.
Pero no puedo. El vacío que existe en mi interior me impide hacerlo. Es como si temiera que al tocar a alguien mi mano desapareciera. Como si fuera a pasar a formar parte de ellos, como si fuera a dejar de ser yo y me convirtiera en uno más del mundo que me rodea.
Y no puedo. Mi yo me lo impide. Mi vacuo orgullo impide que pase a formar parte de la sociedad, que sea uno más de los muchos que pululan por las vías públicas ansiosos de ser ellos mismos.
La negación más íntima del individuo es lo que ahora mismo me sucede. Reniego del individuo. No creo en la persona. Desecho la fragilidad del ser. Huyo del simple uno.
Debo ser fuerte desde mi propia unidad. Afrontar los envites sociales para no perder mi identidad.
Mi vacío no es tal vacío. Es simplemente una implosión enérgica que no me permite el contacto ajeno.
La sociedad debería darse cuenta de lo que supone ser yo mismo.
Y cuando todos sean yo, seremos todos uno, y al unísono, emprenderemos la ansiada marcha hacia el ser único y universal, hacia la totalidad del ser en si mismo.
Cuando logremos ser nosotros mismos y sepamos desdeñar a los demás nos entenderemos, y lograremos llegar al final del túnel único que nos domina, y seremos libres, avanzaremos hacia la unidad total, y entonces no harán falta manos que te ayuden, ni abrazos que te alienten, porque todos lucharemos como uno solo y uno solo valdrá por todos.
¡Salud y República!
Posiblemente lo peor de salir de fiesta es que en la mesita de noche dejes preparado el “desayuno” del día siguiente, una pastilla de iboprufeno y otra de álmax.
Cuando haces esto es porque posiblemente no sepas qué te va a deparar esa noche.
Como otras noches, desperdiciarás conversaciones, olvidarás sonrisas, matarás neuronas, te gastarás una pasta.
Te sentirás una mierda al día siguiente. Estarás jodido contigo mismo y con tu cuerpo. Dirás como otras muchas veces que no volverás a beber, que no te volverás a meter mierda.
En este caso, decimos que somos nosotros los que hacemos lo que queremos y creemos que la sociedad no nos influye en absoluto. Salimos por donde queremos y con quien queremos, y hacemos lo que nos da la gana. Somos independientes, somos nosotros mismos. Nadie nos condiciona a hacer esto o lo otro.
Si hablamos de parejas, la cosa cambia.
Cuando se comienza una vida en pareja dejamos de querer ser independientes para dejarnos absorber (o debiera decir intentar absorber a) por la otra persona. Craso error en la mayoría de los casos.
Leía hace unos días que por qué buscamos nuestra media naranja, cuando realmente deberíamos buscar nuestra naranja entera.
Nos empeñamos en querer compenetrarnos con nuestra pareja, en intentar buscar aficiones similares, en querer saber qué le gusta al otro para complacerle, cuando lo que estamos haciendo realmente es atosigarle con nuestros “empeños”.
La propia palabra “individuo” lo dice. Somos únicos, independientes, individuales…
Hay gente que no sabe serlo, pero otra, en cambio, necesita serlo, viva o no en pareja, tenga o no pareja.
Ahí es donde tenemos que empezar a conocernos a nosotros mismos y a entender a la persona que tienes enfrente.
Pretendemos que la otra persona nos muestre atención, responda a nuestras llamadas (y no sólo en el sentido telefónico de la expresión), sin darnos cuenta que cada uno tiene si momento “de relax” y una forma de ser única que le hace ser “él solo” en un momento dado.
Es cuando tenemos que comprender que los posibles “defectos” que vemos en la otra persona, realmente no son defectos, simplemente son actitudes de su carácter que no te gustan. No eres capaz de interpretar que la otra persona tiene su personalidad desde mucho antes de haberte conocido. No caes en la cuenta que tienes que ser tú el que asuma que es así el carácter de la otra persona e ir entendiéndola poco a poco. Tenemos que ir dándonos cuenta de los prejuicios que tenemos e ir dejándolos de lado, y entender que la vida es mucho más saludable cuando empiezas a entender esto.
Y muchas veces, ciertas actitudes nos provocan pánico y debilidad, y hace que nos pongamos a la defensiva. Y estar a la defensiva no sirve de nada en absoluto, no se puede estar esperando algo antes de que suceda…
Por eso hacía alusión al iboprufeno, porque si antes de hacer algo presupones las consecuencias, posiblemente termines tirándote al ruedo, amparándote en ese escudo, y no seas consciente de que la realidad sería otra si saltaras al vacío sin red.
Ser uno mismo, y dejar que la otra persona sea ella misma es difícil, pero tiene solución.
El problema es cuando uno no sabe ni quién es.
A todo esto yo le daría mi propia interpretación dentro de mi interpretación, pero en otro momento.
Espero llegar a conocerme, y así, os podré conocer un poco más.
¡Salud y República!
Mullidos senos manantiales
Terciopelo de verde rocío
Inmensidad de vida que amanece
Clorofilas balconadas soleadas
Melladas calles por aceradas ruedas
Gastadas muelas con sabor a grano
Tibio paisanaje albisomne
Espantada bestal
Límpidos algodones aireados
Mardulerío cenital, algarabía
Peonadas de sudor y pan
Pueros en pos de la pitanza
Placenteros néctares extáticos
Compadreo vecinal
Ordago a la jornada caduca
Clandestinos cortejos enrejados
Sinuoso peregrinaje de vuelta al lar
Trémulo calor en torno al hierro
Jornada repetida hasta el disgusto…













Miguel Angel on
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